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viernes, 2 de enero de 2015

Ana Grynbaum - Gerónima, La mujer barbuda del circo -

Nunca llego a entender qué quieren decir los que se preocupan por el estilo en materia literaria. Para mí sólo se trata de escribir, ya con eso tengo suficiente. A veces me da la impresión de que llaman estilo a ciertas señales
que algunos escritores dejan a modo de marca registrada. En lo personal, una de las pocas reglas que me pongo es la de evitar repetirme. Pero, como es sabido, las reglas están hechas para ser violadas. Si vuelvo la vista atrás –pese al peligro bíblico que ello representa-, a lo largo de mis textos veo emerger ciertas características que se reiteran, más allá de mi voluntad, pero con su anuencia.

Por ejemplo, mi sintaxis suele delatar la ansiedad que me impulsa a decir del mundo todo lo que puede caber en cada línea, en un movimiento emparentado con el horror ante la página vacía. O el gusto por los happy end, contra viento y marea –y especialmente de este modo-, incluso cuando implican niveles de ironía poco amables. En algunas ocasiones, al menos en apariencia, el autor puede elegir según su capricho cómo rematar la historia. Pero el final feliz, en otros casos, se impone por sí solo. 

La cuchara universal (Montevideo, 2006) es el segundo libro que publiqué. La cucharita, como la llamo cariñosamente, contiene distintas narraciones. Una de estas historias se titula La mujer barbuda del circo y cuenta la vida de Gerónima. En este relato, el final feliz, deliberado, forzado a más no poder, no es un detalle sino la condición sine qua non del cuento en su estructura misma. La existencia de Gerónima no podría sino ir hacia buen puerto, pese a la espantosa situación de la que parte: porque la historia de Gerónima es la de una resiliencia. En pocas palabras, se trata de alguien para quien todo está dado para que le vaya horrible pero, contra toda predicción, ella tiene la capacidad, única, de sobrevolar el infierno de su vida cotidiana hasta el punto de zafar por entero. 

Está bien, no me voy a seguir arriesgando al spoileo. Aquí tienen el cuento. Y si algún lector desea hacer algún comentario, público o privado, lo recibiré gustosa. 

















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