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jueves, 14 de mayo de 2015

Ercole Lissardi - MARCO VASSI -

Hace cinco años y pico escribí una breve nota sobre Marco Vassi (1937-1989), Comenzaba así:

“Fue héroe, ideólogo y mártir de la Revolución Sexual. Fue además un
maestro de la novela erótica, uno de mis preferidos.

Foto carnet de Marco Vassi 

Héroe porque asumió, en representación de su colectividad, el riesgo de explorar los límites de una libertad recientemente adquirida. Ideólogo porque a través de sus ficciones reflexionó sobre la crisis que vivía su sociedad y sobre los horizontes posibles para esa crisis. Mártir porque se lo llevó la primera ola de la epidemia del SIDA”.

Retoricazos aparte sigo pensando lo mismo acerca de Vassi y estoy cada vez más consciente acerca de cuánto me ha influido su literatura.

Cuando escribí esa nota apenas se encontraba en Internet alguna mínima información sobre su vida y obra, y –cosa que subrayé- apenas una pequeña foto suya, tipo carnet (la primera que aquí reproducimos). Ni siquiera su nombre completo figuraba. Hoy lo sabemos: Marco Ferdinand William Vásquez-d’Acugno Vassi, con raíces familiares en España y luego, migración mediante, en Sicilia, antes de la migración definitiva a los Estados Unidos.

Hoy todo cambió, se ha ido tomando consciencia de que la sexualidad humana es algo demasiado importante y complejo como para dejarlo en manos de la pornografía, soft o hard, o de la charlatanería de los sexólogos, y una nueva apreciación de la literatura erótica poco a poco va tomando cuerpo. En el canon de la literatura erótica del siglo XX Marco Vassi tiene un lugar definitivamente preeminente. Por consiguiente la memorabilia vassiana se multiplica en la red y absolutamente todos sus títulos están disponibles, al menos en su idioma original.

Como narrador su referente fue Henry Miller, el precursor y gurú de la Revolución Sexual. Con Miller compartía el privilegiar la experiencia vivida como materia prima fundamental de la escritura, la intensidad como modo de comunicación con el lector y, por supuesto, la voluntad de hacer pedagogía, de intervenir en la vida del prójimo con nociones que le permitan soportar mejor sus contradicciones. Los separaba la fascinación de Miller por la cultura europea y el carácter panfletario a que podían llegar en ciertos momentos los escritos de Vassi, inevitable en cierto modo ya que transmitía sus partes directamente desde la primera trinchera.

Marco Vassi y amigos en los sesenta 

Todas las dudas y las contradicciones y las delirantes certezas, todas las preguntas y todas las respuestas que podían saturar las mentes de quienes vivieron directamente el estallido de la Revolución Sexual en los años sesenta encontraron un lugar en la vida de Vassi y en su literatura. Vassi era un verdadero fauno. Basta con prestar un poco de atención a su foto carnet, y compararla con los sátiros de Rubens, para tenerlo claro.

Su literatura tiene el puño más firme que yo conozca. La proeza de sus páginas es la precisión y el control en medio del torrente orgásmico. Es como si un condenado a muerte nos escribiera sus sensaciones, emociones y reflexiones mientras lo achicharran en la silla eléctrica. Esa virtud de precisión y control, pero también la certeza del símil excesivo y chirriante como el que acabo de permitirme, que es marca distintiva de su estilo, son dos de las herencias inmerecidas que, cuando ando bien afinado, me animo a pretender que he recibido de Vassi.

Más profundamente reconozco como influencia suya la noción de que más allá del frenesí, y del placer, y aún del goce, la experiencia erótica desemboca en un anhelo tan inagotable como inefable. No por casualidad de jovenazo Vassi pensó en hacerse cura (como lo pensé yo en mi adolescencia y como lo pensó… adivínese quién… Bataille, por supuesto).

Los libros de Vassi también están allí para enseñarnos que no importa cuán intensa, brutal, animal sea la posesión erótica, no importa cuán ciega sea el ansia de devoración en juego en el abrazo, cada uno de los que participa lo hace pura, única y exclusivamente desde su peculiar contextura espiritual. Coger en Vassi no es nunca coreografía gimnástica impersonal e indiferente: los desaforados cogedores de Vassi cogen en tanto seres únicos inmersos en la coyuntura humana personal y colectiva única en la que les ha tocado vivir.

Acabo de releer La solución salina. Es el libro de la angustia. Pone en escena buena parte de las angustias activadas por el terremoto que en materia de cultura sexual vivió su época. Como dice el protagonista y narrador: “Me di cuenta de que no tenía absolutamente ninguna idea de cómo tenía que ser o cómo debía comportarme”.  La conciencia de vivir en una civilización asesina y suicida –son los años de la resistencia a la guerra de Vietnam- lo lleva a decidir el aborto del hijo que ha concebido su pareja ocasional, Lucinda, pero esa decisión –y la novela es la cuenta regresiva de los días hasta que Lucinda ingresa a una clínica para el aborto- se convierte en una agonía insoportable. De la misma manera el protagonista oscila entre su deseo hetero y su deseo homo, sin jamás hacer pie en su bisexualidad, temeroso de convertirse en un marica. Y de la misma manera oscila en su erotismo entre la ternura y la violencia, rebotando de una a la otra en el temor y el rechazo a cualquiera de los dos excesos.

Hasta donde sé, a la fecha sólo se han vertido al español The sweet degenerates (1972), The saline solution (1972) y The erotic comedies (1981).

Marco Vassi, 1979

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