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viernes, 24 de julio de 2015

Ercole Lissardi - EL DESNUDO FEMENINO -

A efectos de comprobar si la doble axiomática que fijamos para el desnudo masculino se aplica igualmente al desnudo femenino, consideraremos otra recopilación de Taschen, la que lleva por título La nueva fotografía erótica,
publicada en 2007, que incluye unas cuatrocientas fotos de ochenta y dos fotógrafos.

Desde el título esta recopilación deja ver, por si fuera necesario, lo que ya subrayamos: la dificultad, la escasez y la poca consideración en que se tiene al desnudo masculino. En efecto, aunque el título se refiere a la fotografía erótica en general, en la recopilación sólo hay fotografía erótica femenina. El índice, por su parte, deja ver que también este campo de la fotografía erótica está dominado por fotógrafos hombres: menos del veinte por ciento de los fotógrafos incluidos son mujeres.

¿Puede afirmarse, como con el desnudo masculino, 1) que el punctum (P) en el desnudo femenino lo constituyen los genitales, y 2) que estando incluido el rostro en la imagen el mismo se constituye en un sub-punctum (SP), de modo tal que en ese caso sea el eje P/SP el que ordena la lectura de la imagen en su conjunto?

La sabiduría de la naturaleza, por razones que otro explicará mejor que yo, esconde tres veces los genitales femeninos, la vulva. La esconde en la entrepierna, la cubre con un vellón y la dota de labios que, cerrados, la hacen visualmente inaccesible, aun deliberadamente exhibida y rapada. Está claro que, sin forzar la posición del cuerpo y/o la de la cámara, no es posible acceder plenamente a la visualización del P femenino. Como consecuencia, en esta densa recopilación de Taschen casi nunca está plenamente presente el P.

Sin embargo, este triple ocultamiento no es obstáculo para un artista creativo, como es el caso de Thomas Karsten, que en su proyecto de nuevo libro incluye el desnudo que aquí reproducimos, en el que se exhibe en plenitud el P con la gracia y la frescura contorsionista propia de las divinidades impúdicas que nos presentan los bajorrelieves de ciertos templos hindúes.

Thomas Karsten, de su proyecto de nuevo libro 

De esta especie de relativa inaccesibilidad visual del P se derivan no pocas consecuencias. El P, invisible, sigue estando allí, por cierto, y su magnetismo no disminuye. Sólo que, al decir de Descartes: larvatus prodeo, se presenta enmascarado. La máscara con la que se presenta la vulva es el triángulo púbico (llamémoslo P1). El magnetismo de P se desplaza a P1. P1 habla por P, nos distrae de su ausencia. Por consiguiente todo lo que sirva para realzar a P1 le sirve al desnudo femenino. De ahí, en estos tiempos de entusiasmo por la desnudez, la creatividad en materia de coiffure púbica. De este trabajo sobre P1 nos habla, en crudo blanco y negro, Ralph Gibson.

Ralph Gibson, Black kiss,1999 

Está claro que entre este P en eclipse y el P1 que le representa existe, inevitablemente un intenso diálogo. Diálogo entre la variedad enmascarada de P1 y la variedad con que, en nuestra imaginación, somos así invitados a representarnos a P.

Pero este desplazamiento y esta emergencia de un sub-eje P/P1 no son las únicas consecuencias de la porfiada ausencia de P. En el otro extremo del eje central P/SP también hay consecuencias. El debilitamiento del extremo P del eje, oculto y suplantado, tiene como inevitable consecuencia el fortalecimiento del extremo SP del eje. Tiene que haber una especie de  compensación a efectos de que el proyecto global de seducción no flaquee. El detrimento de una visibilidad necesariamente entraña el fortalecimiento de la otra. De ahí el gran protagonismo en el desnudo femenino de la expresividad del rostro (SP) y de las posibilidades expresivas de los pechos (SP1).

Se trata de un nuevo sub-eje: SP/SP1, la intensidad de cuyo diálogo viene a distraernos definitivamente del vacío en el otro extremo del eje P/SP. En el desnudo femenino la infinita variedad de la fisonomía facial y de las peculiaridades de los pechos están, desde el punto de vista expresivo, en llamas. La cercanía exacerba el diálogo, se refuerzan mutuamente en su expresividad, como en Angela, de James Graham.

James Graham, Angela 

El desnudo artístico femenino presenta así, completa o parcialmente, una compleja articulación de diálogos en los que participan un eje central (P/SP) y dos sub-ejes (P/P1 y SP/SP1). Esta mayor complejidad estructural, comparativamente con el desnudo masculino, se produce como consecuencia del carácter básicamente ausente de su P. Vemos en Por la tarde, de Cristian Crisbasan, que incluye todos estos elementos en juego, cómo en la interacción entre eje y sub-ejes se sostiene la expresividad del conjunto de la imagen. A la delicadeza, casi espiritualidad expresiva del rostro se opone la espléndida opulencia de los pechos, rostro y pechos bañados por la luz dorada del atardecer. La reconciliación de los opuestos es la esencia misma de esta imagen. En Por la tarde el extremo SP del eje central es el dominante: en la mitad inferior de este desnudo, no favorecida por la caricia de la luz, una sutil línea de vellón sobre el triángulo púbico señala el lugar donde se oculta el opulento P, como el dedo de un niño que quisiera tapar el sol.

Cristian Crisbasan, Afternoon 

La articulación de eje y sub-ejes tiene por efecto organizar la circulación de la mirada sobre la imagen, haciendo de la contemplación del desnudo una suma ordenada y profundizada de sensaciones y, en el límite, de ideas. Yvette, de Thomas Karsten, es un espléndido ejemplo de cómo esta compleja articulación reúne en un solo movimiento el impulso expresivo. Al contrario de la imagen anterior aquí es el extremo P del eje P/SP  el que asume el protagonismo. En efecto, proyectado hacia adelante el pubis, el vellón, recortado en punta hacia arriba (y no como es habitual hacia abajo) parece tironear de toda la entrepierna para desplazarla hacia arriba, hacia el extremo SP. El extremo SP parece presa de angustia ante ese descontrol: los pechos parecen huir del pubis, la mano parece querer proteger el rostro, el rostro se contorsiona por la angustia. Más arriba, el brazo doblado sobre la cabeza parece querer poner un límite a la huida. Mujer acosada por su vulva, podría llamarse esta imagen. El blanco contra el cual es fotografiado el desnudo es el blanco de la reclusión médica.

Thomas Karsten, Yvette 

Finalmente Helena, Praga, de Kenn Lichtenwalter, que también pone en interacción eje y sub-ejes, comienza por subrayar y fijar su eje P/SP con la vertical que desciende sobre la cabeza, baja por la nariz de la modelo, se continúa en la costura de su falda, desciende luego por la línea que es el vellón recortado, misma que se continúa en los labios apretados de la vulva y termina en la costura del asiento del sillón. Esta línea que divide el cuadro, apoyada por la distribución simétrica de elementos (columnas al fondo, módulos del sillón, brazos, tetas y piernas de la modelo), conjuntamente con la dureza del negro y blanco sin matices de la imagen, aporta un elemento de serenidad, solidez y fuerza al encuadre que se trasmite naturalmente a la actitud física y mental de la modelo. Probablemente se trate de una puta de lobby de hotel, pero se ve como una diosa en su trono en el Olimpo.

Kenn Lichtenwalter, Helena, Praga 

Eje P/P1: La línea de vellón continúa, alargándola y profundizándola, la línea de los labios de la vulva, muy expuestos debido a las piernas abiertas. La apertura de piernas no es obscena sino solemne, una divinidad que expone la vulva no es obscena sino solemne. EJE SP/SP1: El negro de los ojos y de los labios desborda, en tanto pelo, sobre los hombros, y avanza, como un fuego negro, hacia los pezones, no para acariciarlos sino para hacerles de escolta.

Inexpresiva, la diosa nos mira, pero no en desafío. Sabe que estamos ahí para rendirle pleitesía. Nos mira para obligarnos a bajar nuestra mirada hacia la vulva –la vulva sagrada de la diosa- cuya visión nos impone. Como consecuencia de este juego de miradas, el extremo P del eje se convierte, finalmente, en el extremo dominante de la imagen.


COROLARIO


La aplicación a la fotografía artística de desnudo femenino de las axiomáticas que inventamos para la fotografía artística de desnudo masculino nos permite llegar a conclusiones inesperadas que nos hacen ver la cuestión del desnudo femenino desde una nueva perspectiva.

Debido al ocultamiento, al eclipse del elemento central, del punctum, podemos decir que, en realidad, EL DESNUDO FEMENINO NO EXISTE. El eclipse de P conlleva al desplazamiento del foco hacia sub-punctums que, exacerbados y exagerados, intentan disfrazar la ausencia de lo central. Lo que habitualmente llamamos desnudo femenino (artístico, se entiende) no es sino una mascarada que oculta una verdadera desnudez inaccesible. Extendiendo nuestro análisis a todas las formas de las artes visuales de Occidente, en las que es claro que esta situación es idéntica, podemos decir que uno de las formaciones icónicas básicas del arte de Occidente, el desnudo femenino, en realidad no existe. La facilidad con que la mujer se entrega a la exhibición de su desnudez se debe a que en realidad lo que ofrece a la mirada NO ES SU DESNUDEZ sino un disfraz, un simulacro.

Lo más evidente –la ausencia radical del P femenino- es lo que no se ve. Y lo que, efectivamente no se ve, es aquello, precisamente, que se cree ver.

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