Buscar este blog

viernes, 7 de agosto de 2015

Ana Grynbaum - Una erótica del auto-vaciamiento -

En Bitácora de una persecución amorosa, mi primer libro, Marina experimenta con los límites de su prosaica existencia. Entre otros emprendimientos, durante un tiempo deja de comer, para luego pasar a comer y engordar como
si quisiera llenar con su cuerpo todo el espacio que habita. En su relación con la comida lo que busca es atravesar la frontera de la normalidad que la agobia.


Marina es una mujer sin mayores atributos. Justamente dentro del estrecho marco de sus posibilidades busca eso, que no sabe lo que es, pero que se convierte en el centro de su vida. Avanza sobre su vacío interior para profundizarlo, como un animal que se alimentara royendo las propias entrañas. No cuenta con muchas personas para acompañarla. Sólo está Jorge, su marido, cuya sombra filosa se recorta cual enigmático partenaire de la heroína en el relato.

Al igual que San Antonio en las versiones anteriormente comentadas (ver entrada del 10 de julio pasado), Marina se lanza a todos los excesos que, en su desierto personal, dentro del coto privado de su existencia vacía y solitaria, la imaginación puede ofrecerle. En sordina ronda una pregunta: hasta qué punto podrá sostenerse sobre la más absoluta nada, hasta cuándo podrá seguir auto-abasteciéndose...

---

Viendo la obra teatral El hambre, de Marcel García (ver entrada anterior) encontré algunos elementos en común con Bitácora. Releyendo el texto de esta última, aparecieron aún más coincidencias. Similitudes a destacar, especialmente, porque ninguno de los autores –contemporáneos y aproximadamente coetáneos- tenía un conocimiento previo de la obra del otro.

Tanto Marina como Majo –protagonista femenina de El hambre-, por más gente que tengan alrededor, viven solas, encerradas en la geografía de su desierto particular y privado. Ese desierto no es un espacio exterior sino interno. Un vacío árido e inmenso las constituye, las cuestiona, las mueve, las pone en peligro y también las excita. Ambas abrazan la nada, en alma y cuerpo. Se aferran a la intimidad de su nada como al más sagrado de los bienes. Nadie, lego o profesional, puede arrancarlas de su encierro, porque allí guardan un tesoro. En ambos casos, el silencio, con el peso de un secreto, protege ese vacío por el que cada una de ellas bucea. Ellas aman su desierto tanto, o más, que a sí mismas.

Tanto El hambre como Bitácora citan el encierro de los burgueses en El ángel exterminador, de Buñuel, para poner de relieve que la prisión de que se habla es una forma de estar en el mundo. Los burgueses de la película gozan de su existencia vacua, comen y beben muy por encima de lo necesario para alimentarse. Hasta que se dan de bruces contra ese muro invisible e invencible que mágicamente se erige entre su recinto y el resto del mundo, y que, como un espejo, los reduce a ser la caricatura de sí mismos, nada glamoroso, nada. También ellos quedan encerrados en su propia nada –para el caso, no buscada-.

El encierro en sí mismas de Majo y de Marina produce ese vacío, en el seno del cual cada una encuentra el objeto de su deseo, y de sus angustias. El auto-vaciamiento da lugar a la aventura de cada una consigo misma, y a la posibilidad de una apropiación –sui generis- de su cuerpo, ese cuerpo que percibían demasiado lejano, ajeno, persecutorio.

Es obscena la forma en que a los burgueses de Buñuel les sobra la comida al principio, y tétrica la forma en que luego les falta; también a Marina y a Majo por momentos les sobra y por momentos les falta. Está claro que en ninguno de estos casos se trata de comer para vivir, sino de la comida como algo más que el mero satisfactor de una necesidad biológica. Tanto así, que la comida puede volverse completamente obsoleta.

Ni Marina ni Majo pueden satisfacerse como el común de los mortales. No es simple comida el alimento que desean. En lo profundo de su vacío consiguen abrir una vía hacia aquello que las llama con una voz que no pueden dejar de obedecer, algo situado más allá del juego social de los intercambios racionales y decentes. Avanzan desde el auto-vaciamiento hacia la auto-fagocitación.

---

En el capítulo 24 de Bitácora de una persecución amorosa, Marina habla acerca de su experiencia de auto-fagocitarse:






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada