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viernes, 14 de noviembre de 2014

Ercole Lissardi - MASTURBACION Y PORNOGRAFÍA III -

Don Jon, que dirige y protagoniza Joseph Gordon-Levitt (2013) presenta el mismo esquema argumental que Shame, pero sin el tufillo religioso (pecado/redención) y con ritmo de comedia verborrágica. De hecho Gordon-
Levitt se burla abundantemente de la hipocresía católica, especialmente, con puntería de teólogo aficionado, del tarifeo (tantos padrenuestros y avemarías por pecado) en el confesionario. Donde Shame adelgaza a sus personajes hasta convertirlos en abstracciones, en pura espiritualidad, Don Jon robustece a los suyos con la brocha gorda del espíritu satírico.

Jon explica con palabras absolutamente precisas por qué prefiere la masturbación y no las mujeres reales. Explica con palabras que parecen tomadas del capítulo V de mi La pasión erótica por qué el cuerpo pornográfico es infinitamente superior a cualquier cuerpo real. (Y eso sin hablar del maldito condón, porque a diferencia del cuerpo pornográfico, aséptico e inocuo, real pussy can kill you). Y no es que a Jon le falten las mujeres. Para nada. Es guapo, audaz y simpático, y las féminas, hambrientas de sexo, se le resisten sólo por protocolo, cuando se le resisten. Eso sí, una hembra no le sirve para más que una noche, son polvos necesariamente fugaces. Como queda explicado en mi capítulo V, esos cuerpos fugaces son los únicos que podrían competir con el cuerpo pornográfico. Y no pueden. Después del polvo fugaz, en medio de la noche, Jon se levanta y abre Internet para hacerse una que, esa sí, definitivamente lo pone a dormir. Esta es la vida sexual de Jon, y así es feliz.

Hasta que aparece en escena la mina diferente, la diez puntos, la que le vuela la cabeza, la que quiere ya no para el polvo fugaz sino para toda la vida. A saber qué le ve. Barbara, así se llama, se ve (¿le habrá costado mucho a la Johansson?) tan putona y vulgar como cualquiera otra de las minitas que pululan en los boliches en los que Jon recala. Pero en fin… es esa. Y Jon pone toda la carne en el asador. Está dispuesto a cambiar muchas cosas en su vida –ya imaginamos cuál no- con tal de que aquel premio mayor sea suyo. Pronto podemos apreciar que aquel premio mayor funciona como una caricatura de la matrona básica de la cultura gringa. Es a la vez la madre y la puta. Franelea como una verdadera performer de porno, pero no se deja coger. Sólo abrazos masturbatorios. Antes de ir hasta el final quiere que el fulano enderece su vida. Que termine sus estudios, modere sus salidas, le presente a su familia, etc. etc. etc. Y desde el vamos le pone al pobre Jon la espada de Damocles sobre la cabeza: me mientes una vez y se acaba todo. Jon, por supuesto, está dispuesto a hacer cualquier cosa para que su enganche soñado funcione. O casi cualquier cosa. No puede no mentirle absolutamente, porque su verdadero goce, el que sólo el cuerpo pornográfico le puede proveer, no puede sino ocultárselo, y de ese goce no puede prescindir.

Jon, por supuesto, desesperado, intenta el gambito imposible: masturbarse con las inocentes fotos del facebook de su novia. No sirve de nada. Nada puede sustituir al cuerpo pornográfico. Así  las cosas es sólo cuestión de tiempo para que a Jon le suceda lo que a Brandon en Shame: que lo descubran masturbándose. Que su mujer soñada, impoluta y maravillosa, descubra su feo vicio. Cosa que sucede la misma noche que consigue cogérsela, cuando descubre que ni ese polvo tan deseado es mejor que lo que le da el cuerpo pornográfico. Se levanta en medio de la noche para masturbarse y Barbara lo descubre. Fin del romance. Jon regresa a su perfecta combinación de masturbación y polvos fugaces.

Gordon-Levitt es mucho más optimista que Steve McQueen, quien creía que sólo la intervención divina podría salvarnos de la adicción a la pornografía. El deus ex machina en Don Jon se llama Esther y es una mujer mayor, cuarentona, mujer sabia que sabe todo de la vida y que con las más delicadas maneras le  enseña por qué real pussy es mejor que pornografía. “Perderse el uno en el otro” es la fórmula que logra que de ahí en más para Jon la masturbación no tenga sentido y su adicción a la pornografía simplemente se disuelva en el aire. Entre los aciertos de Gordon-Levitt hay que contar el haber elegido para ese rol a Julianne Moore, sólo un talento de ese pelo podía hacer mínimamente creíble ese momento epifánico del “perderse el uno en el otro” en medio de los excesos satíricos.

¿Honestamente? ¿Mi punto de vista? ¿Dios? ¿La Mujer Sabia? ¡Por supuesto que sí! ¡Y quién sabe cuántas salidas más tenga el laberinto de la adicción a la pornografía! Al menos eso espero.

Gordon-Levitt, que opta por hacer una comedia y no un drama, continuamente le baja el perfil al asunto. Todos los hombres ven pornos, vocifera Jon avergonzado y furioso, el que diga que no lo hace, miente. Y si él es adicto a la pornografía Barbara es adicta a las películas sentimentales y su padre es adicto al deporte en televisión. Y todo se arregla cuando un buen día damos con una persona que nos enseña qué es realmente coger.

Es la primera película de Gordon-Levitt como director. Creo que se puede esperar de él si no maravillas, buenas noticias. Sale mayormente airoso metiéndose con un tema complejo. Su sentido del ritmo es impecable. Y se permite sutilezas de lenguaje visual perfectamente válidas.



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