domingo, 26 de mayo de 2019

Ércole Lissardi - ARMONÍA Y YO - Parte II

La Carta abierta desde Somersville fue publicada en 1992 en la Revista Iberoamericana de la Universidad de Pittsburg, número dedicado a la Literatura Uruguaya y dirigido por Lisa Block de
Behar. Es el único texto en el que Armonía responde explícita y sistemáticamente a las acusaciones
reiteradas de pornografía y perversidad de que fue objeto su obra, que tenían por objetivo negarle el
espacio público de visibilidad y reconocimiento que sobradamente merecía. Del asedio y el ninguneo de que era objeto Armonía proporciona un inesperado testimonio Margo Glantz en un texto publicado en el periódico La Jornada, de México, en el que cuenta que fue objeto de duras críticas por parte de sus amigos uruguayos luego de visitarla en 1981 en el Palacio Salvo.

Cartel en el ingreso a la casa de Armonía Somers

Puesto que en este texto Armonía da respuesta al mismo tipo de acusaciones de que, salvando las distancias que se quiera salvar, mi obra ha sido objeto, me permitiré, en lo que sigue, comentar las respuestas de Armonía. Con este juego de responder a sus respuestas espero llevar hasta donde es posible el paralelismo entre su situación y la mía que he desarrollado en la parte I de la entrada anterior.


PORNOGRAFÍA

El objetivo de la Carta es, pues, dar cuenta, “por primera y quizá última vez”, de sus “encontronazos con el sector pacato”, consecuencia de la presencia “constante” del sexo en su literatura. Armonía es concluyente con una primera aproximación al tema, perfectamente equivalente a la distinción entre pornografía y arte erótico que he venido manejando en textos de reflexión y en entrevistas. Dice: “el sexo se degrada en el regodeo a que es sometido por la pornografía (…) pero se dignifica en un tratamiento de fidelidad al Eros propiamente dicho (i.e., a la atracción erótica, al Deseo)”. “Al componer una situación sexual el poeta agrega a la realidad elementos mágicos conseguidos en el oficio de la palabra iluminada”. Lo contrario es simple “chatura en la semántica sexual”. Por mi parte he repetido que la pornografía se interesa solamente en la fisiología sexual, mientras que el objetivo del arte erótico es dar cuenta de la naturaleza del Deseo.


OTROS TEMAS

Pero Armonía da otra explicación a esa presencia “constante” del sexo: si, como se ha dicho, en su obra son también “repetitivos” los temas de “la muerte, la locura y la angustia metafísica”, al tema del sexo le corresponde una “entrada natural”. Quien conozca mis novelas sabe hasta qué punto otros temas están siempre presentes junto a la dimensión erótica.


POLEMIZAR

Armonía responde a la pregunta reiterada de por qué nunca se defendió públicamente de esas acusaciones: dice que su actitud pasiva es consecuencia de la solidez de sus convicciones. “El que pueda aceptarnos en versión completa de nuestras fórmulas, que lo haga, y el que no, es algo que no debe inquietarnos”. Comprendo y respeto el fatalismo de Armonía pero, como dije, mi opción siempre ha sido devolver golpe por golpe. En todo caso, confiesa Armonía: “he encontrado satisfactorio mi desplante de irreverencia ante los mitos (…) poner a pulsear a dos opuestos de la misma fuerza, la verdad transparente y la encubierta hipocresía, con más adeptos esta última (…) En lo moral, me complace inquietar, desacomodar a la estulticia humana”. En esto no la sigo: no encuentro gratificación alguna en hacer lo que no podría no hacer.


LO ABISMAL

Ocuparse de lo sexual es para Armonía una manera de acercarse a lo abismal: “descubrir lo siniestro, lo terrible del sexo como reversión atávica hacia la bestialidad de los orígenes (…) mal disimulado con los taparrabos de la moral convencional”. “Somos así, se trata del abismo de cada cual, y de tener paciencia para reconocerlo (…) Algunos nos hemos civilizado, y gracias civilización, por mantenernos a raya”. Por diferentes caminos –el del Deseo, el del atavismo- pero para ninguno de nosotros se trata de dar cuenta del sexo desde las sublimidades del encuentro amoroso. “El ser humano entregado a lo abismal es un caníbal de sí mismo” dice Armonía, y lo mismo puede decirse del ser humano entregado al Deseo. No puede sorprender que Margo, pionera en la traducción de los textos más extremos de Bataille, viniendo a Montevideo, quisiera visitar a Armonía.

Armonía Somers. A la izquierda en la foto que
 empleó en "Un retrato para Dickens".  

PERSONAL

Armonía admite sin vacilar que el autor traslada a la obra sus modalidades eróticas personales: “se escribe, dice, con las manos manchadas de la propia sangre”. Admira a escritores como Henry Miller o Julio Cortázar que han confesado abiertamente esa relación. “La obra, dice, es la ‘caja negra’ del escritor. Leed y os responderé”. No puedo sino suscribir el punto, aunque subrayando, como Armonía hace, que no se trata de escribir autobiografía.


EXPLICITAR

Al final de su carrera Armonía confiesa que no ha temido al sexo en la literatura, pero no ha escrito aún “la novela o el texto francamente eróticos, por considerarlos, en lo literario, un desafío para el cual no me ha llegado la maestría final (…) En literatura, dice, tengo mis propias reglas perfeccionistas, en última ratio regum, perversas”. Sus palabras me recuerdan a las de Cortázar en Último round: “En toda mi obra no he sido capaz de escribir ni una vez la palabra concha, que por lo menos en dos ocasiones me hizo más falta que los cigarrillos”. En ambos se nota una especie de frustración, misma que yo no habré de sentir. Yo sí escribí novelas “francamente eróticas”, y no porque me considerara llegado a la “maestría final”, no soy un perfeccionista, sino porque soy incapaz de esperar a que me llegue.


VIOLACIÓN

 Se le ha preguntado a Armonía si se siente atraída por la violación. Responde que la violación le repugna y que debe ser castigada con la emasculación. Hay que limpiar al mundo de monstruos, dice. Con todo, cita tres textos suyos (El despojo, Un retrato para Dickens y El hombre del túnel) en los que el tema está presente. Y da como “literariamente válidos” a textos como Lolita, de Nabokov, y El abismo, de Andreiev. Comparto la repugnancia, y como la violencia es lo que sobra en este mundo, me niego a abrirle las puertas de mis textos.


BATAILLE

Respecto de El derrumbamiento, quizá el más batailleano de sus textos, que desarrolla una escena de tórrido acercamiento entre un negro asesino y la Inmaculada Virgen,  Armonía se lamenta de que a menudo tienen sus textos que cargar con pecados que el lector inventa porque están dentro suyo. “Muchos lectores esperaban en ese cuento la consumación del acto sexual entre esos personajes porque ellos lo deseaban así”. Comparto que, cuanto más intensos son los hechos presentados, más intensa es la implicación del lector con los personajes. Un lector me explicó la extraña conducta del personaje femenino de mi novela No afirmando que en realidad se trataba de un travesti. No puedo dejar de subrayar aquí que en mi obra también hay un texto cuyo tema es el sexo con la divinidad: El amante espléndido.


SUFRIMIENTO

A la pregunta de si en De miedo en miedo presenta al sexo como sufrimiento responde que “la descoincidencia amorosa es una desgracia generalizada” lo cual ocasiona sufrimiento. “El hombre sufre a causa del sexo a pesar de buscarlo como dicha”. Dice Armonía que si, como dice Bataille, “el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte” entonces es más comprensible el “sufrimiento amoroso universal”. Discrepo: en el erotismo no se trata de coincidencias o descoincidencias sino de la extraña capacidad de crearnos objetos delirantes que tenemos en tanto sujetos deseantes.

En el cuento Jezabel dice Armonía haber presentado “el drama del hombre como animal erótico diversificado e incomprensible” y sufriente, agregamos, “preso a perpetuidad en el sexo en tanto cámara de tortura en cuya puerta podría repetirse la advertencia del Dante”. Y esto no es literatura sino “punzante realidad vital”: “acúdase, concluye, a los archivos del crimen pasional, del suicidio por amores frustrados”. La visión pesimista de Armonía del sexo como sufrimiento me parece compartible en esta medida: que el objeto del Deseo, una vez alcanzado deviene mudo, intrascendente, nunca tiene el gran secreto para revelarnos. Los muertos de los archivos policiales a que nos remite Armonía son víctimas más bien de la ideología del Amor como predestinación y de la desesperación que provoca el rechazo.


MASTURBACIÓN

Respecto de la masturbación Armonía es concluyente: “el encuentro del ser consigo mismo es algo privativo del ser (…) para los adultos puede configurar una operación tan normal como el fluir del pensamiento”. Pero concede que en su obra no hay adultos que se masturben –sí hay una niña y un mongólico. Comparto el concepto de Armonía, y en mi obra sí hay adultos que se masturban, a través de los cuales pretendo presentar la dimensión imaginaria de la masturbación.


HOMOSEXUALIDAD

No sin humor dice de la homosexualidad que es “una variación sexual que se caracteriza por la valentía de lanzarse a contramano en la autopista biológica”. Y desafiante, pregunta:  ”¿cuántos sin registrar quisieran hacer alguna vez el carrousel?”. Da cuenta a continuación de momentos de homosexualidad en su obra –La inmigrante, Viaje al corazón del día-, aunque afirma que se trata de “un universo a media luz que no debe ser encandilado desde otros sistemas”. No comparto esta advertencia: si el objetivo del arte erótico es dar cuenta de esa fuerza misteriosa que es el Deseo, cualquier pudor sale sobrando. En todo caso debo decir que la homosexualidad en sí no me ha interesado, aunque sí, y la presento a menudo en mis novelas, la bisexualidad.


PALABRAS

“Suelo conceder un lugar a lo obsceno en el discurso narrativo cuando quien habla no es el autor sino un personaje, o cuando narro en primera persona, o sea, desde un personaje (…) a un personaje que está funcionando de acuerdo a un patrón popular no se le puede endilgar el habla de un académico”. “En un avatar excepcional dejo que mis criaturas se asuman como puedan”. Pero rechaza “superponer lo erótico a lo escatológico como si no pudieran existir el uno sin el otro”. De acuerdo en todos los puntos, pero, puesto que mayormente escribo en primera persona la presencia del lenguaje sexual propio del habla cotidiana es habitual en mis libros. Excepto algunos en que el narrador, por su naturaleza o educación, elude deliberadamente ese tipo de lenguaje –véase, por ejemplo, El amante espléndido. Por supuesto que cada nuevo personaje-narrador que encaro tiene sus peculiaridades en cuanto al uso del lenguaje obsceno.


SEXO

Acusada de que en su obra todo está motivado sexualmente, dice que “ni Freud pensaba así hacia el fin de sus estudios”. “El sexo no es el eje de rotación, aunque sí buena parte del impulso rotatorio”. Como recordamos, ha dicho que en su obra la muerte, la locura y la angustia metafísica también son ingredientes habituales. Por mi parte debo decir que a mis personajes sólo los mueve, en última instancia, el impulso erótico. No son monomaníacos, pero cualquier otra cosa que los motive funciona en íntima conexión con el Deseo que los domina.


AMOR/EROS

Dice que intentó mostrar el Eros amoroso en Viaje al corazón del día. Y que el Eros sin amor es un pleonasmo, ya que es una evidencia cotidiana. Sigue a De Rougemont en que el Amor fue un invento de la Edad Media. Armonía esboza en este pasaje distinciones conceptuales que no desarrolla. Yo he subrayado la distinción entre el sexo con y por Amor, que es nuestro tributo a nuestra naturaleza espiritual, el sexo por pura necesidad fisiológica, que es nuestro tributo a nuestra naturaleza animal, y el sexo al que nos empuja el Deseo, que es una invitación a la aventura metafísica, que algunos aceptan y otros no.


SENECTUD

En algunas líneas notablemente expresivas, Armonía dice, por piedad, haber tomado el caso de algún “sobreviviente del amor arrojado a la fosa común de la impotencia sexual por senectud”. Con comprensible urgencia he venido ocupándome yo también del tema en mis últimas novelas.


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Hasta aquí esta tarea de comparar la peripecia de Armonía Somers con la mía en tanto escritores de erótica sistemáticamente atacados por la pacatería fascistoide de la intelectualidad uruguaya de izquierda. El diálogo que intenté entre nuestras respectivas eróticas queda como materia prima para el estudioso o la estudiosa a la que el tema le parezca relevante para comprender y valorar el tiempo y la cultura en que nos tocó vivir.

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