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viernes, 27 de marzo de 2015

Ercole Lissardi - DALÍ, BATAILLE, FREUD (2)

Bataille analiza El juego lúgubre en un artículo publicado el 5 de diciembre de 1929 en la revista de los de su bando, Documents. El texto es sumamente ambiguo: intenta atraer con buenas razones a Dalí, atacando
simultáneamente a Bréton con violencia, aunque sin nombrarlo.

EL JUEGO LÚGUBRE 


El juego lúgubre, 1929

Según la interpretación “freudiana” que Bataille hace del cuadro, el motivo central y multicolor que recorre la tela expresa la castración y la provocación que ha sido la causa inmediata de la castración; las figuras a ambos lados de este motivo central expresan las reacciones posibles ante el hecho de la castración. El fulano con los calzones cagados a la derecha del cuadro representa la causa original de la castración, pero a la vez su cura, porque la actitud ignominiosa, el recurso a la ignominia del sujeto –ya adulto cagándose en los calzones- le permite reencontrar su virilidad en el horror. A la izquierda del cuadro, por el contrario, el sujeto encuentra una satisfacción insólita en la emasculación y un deseo poco viril de amplificarla poéticamente.

Bataille lee “freudianamente” el cuadro de Dalí convirtiéndolo en una especie de programa subliminar destinado a surrealistas abocados a elegir entre el liderazgo de Bataille y el de Bréton.

Más allá de ese esquema de interpretación el artículo lo que contiene es un elogio de la actitud de encarar el horror y la vergüenza, y un rechazo de la actitud de refugiarse en las “tierras de tesoros” de la Poesía (con esta expresión calificaba Bréton las obras de Dalí en el prólogo al catálogo de la exposición). ¿Cómo lleva a cabo Bataille este elogio? Acercando a Dalí a la figura central de su santoral: Sade.

Retórico de barricada, Bataille afirma que la cólera negra, la indiscutible bestialidad, la violencia, la rabia, la fealdad, distintivos del arte de Picasso y de Dalí son lo único que puede salvarnos de las grandes construcciones de la inteligencia, que en definitiva son prisiones, de la nobleza servil, del idealismo idiota, de los que ponen a las revueltas al abrigo de las leyes.

Los aullidos de ambos le recuerdan a Bataille los gritos de Sade a la multitud reunida en torno a la Bastilla, gritos lanzados a través del caño de las aguas servidas: “¡Pueblo de París, asesinan a los prisioneros!” –cosa que no era cierta, pero que no dejó de tener las consecuencias que el Marqués esperaba.

En una nota al pie finalmente descartada Bataille dice: “El mundo no es habitable sino a condición de que nada sea respetado, porque el respeto no es más que un modo de la castración colectiva de la que la especie humana es la idiota, la grotesca víctima”. Menuda responsabilidad le asignaba al pobre
Dalí en este proyecto de irrespeto total.

El artículo se cierra con la provocación directamente destinada a Bréton: “de aquí en más” dice, o sea: luego de los aullidos filosadeanos de Picasso y Dalí, “será imposible recular y refugiarse en las “tierras de tesoros” (cita, como dije, de Bréton) de la Poesía sin ser llamado cobarde”.

Lamentablemente para Bataille, Dalí ya había hecho su elección: se alineó con Bréton, y le pide al Vizconde de Noailles, propietario de El juego lúgubre, que no autorice la reproducción de la obra para ilustración del artículo de Bataille.

APÉNDICE 


El tomo 2 de las Obras Completas de Bataille –de publicación póstuma- contiene algunas notas inéditas que formaron parte, sin duda, de la preparación del artículo El juego lúgubre. El título de estas notas –Dalí grita con Sade- es, seguramente el título que originalmente llevaría el artículo, ya que ilustra exactamente lo que hemos señalado con estrategia central de argumentación: legitimar a Dalí acercándolo a Sade.  Probablemente Bataille se lo pensó mejor y encontró algo excesivo el acercamiento.

El desarrollo temático presente en estas notas inéditas es como sigue: la seducción que ejercen los elementos terribles del mundo es el nudo de la vida psicológica; se busca eludir esa seducción con todo tipo de escapatorias, la más degradante de las cuales es la Poesía; el sistema de las prohibiciones y los tabúes presentes en todas las sociedades intentan la emasculación espiritual de los individuos.

Lo intentan inútilmente, porque en cualquier cuerpo, sin excepciones, son posibles el sufrimiento y el horror sangrante y nauseabundo. Sólo recientemente –recordemos que Bataille escribe en 1929- se ha aceptado que el terror a la podredumbre y a las mutilaciones sangrantes esconde una seducción igualmente violenta -¿qué diría Bréton expuesto a los horrores y los terrores mediáticos que hoy son el pan nuestro de cada día?

Bataille no volvió a escribir sobre Dalí, quien en el correr de la siguiente década se convertiría no sólo en el referente absoluto del arte surrealista sino además en el performer planetario y payasesco de su propia genialidad. Desairado por el joven genio pintor del inconsciente, Bataille no tarda en abjurar de toda estética de cuño freudiano, no repetirá la aventura filosicoanalítica de Historia del ojo. En 1930 se suma a la denuncia que Emmanuel Berl hace en su ensayo Conformismos freudianos, contra los “pintores y escritores mercaderes de complejos”.

Por su parte, Dalí abandona progresivamente el referente freudiano durante el período en que vive en Estados Unidos (1940-1948). Su nuevo foco de interés es la física nuclear. En 1951, en su Manifiesto místico, dice: “Mi padre ya no es Freud sino Heisenberg”.

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